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Somos seres sociales, y el impacto de las relaciones en nuestra satisfacción vital es importante. Sin embargo, en función de cómo manejemos esas relaciones, éstas pueden ser un pilar fundamental en nuestra gestión del estrés o acabar siendo un factor más que nos provoque un desequilibrio fisiológico y emocional.

Relaciones tóxicas

¿Qué tienes que tener en cuenta a la hora de resolver un conflicto?

1. Un conflicto no desaparece por “arte de magia”. Si no se resuelve, lo normal es que escale, puesto que con el tiempo se van añadiendo prejuicios y malos entendidos. En consecuencia, si lo ignoras o lo niegas y no afrontas, cada vez será más difícil de resolver.

2. En segundo lugar, la visión con la que conviene afrontarlo es desde la oportunidad de crecimiento y mejora, no desde la confrontación y el vencimiento.

3. Si no tenemos un verdadero interés en que la relación cambie seguramente no vamos a poner la energía, y tener la paciencia suficiente, para que suceda.

4. Es necesario reflexionar sobre los elementos del conflicto, y para ello, podemos utilizar esta batería de preguntas: cuál puede ser el alcance del conflicto, qué importancia tiene para mí, de qué prejuicios y presuposiciones parto, determinar qué obstáculos puedo prever y lo que estoy dispuesto a ceder y lo que no para resolverlo.

5. Es fundamental también reflexionar previamente sobre la visión que “el otro” puede tener del problema, es decir, usar la empatía para intentar comprenderle y ser capaz de entender los motivos que le llevan a mantenerse en su posición. Para favorecer ese acercamiento puede ser muy útil que te envíes los siguientes mensajes: “si esa persona pudiera pensar diferente con sus experiencias y recursos personales, quizás lo haría”; seguro que “no hay una intención especial en fastidiarme”, “quizás no lo sepa hacer diferente”, “cada uno lo hace lo mejor que sabe con los recursos que tiene”. Todos estos mensajes te ayudarán a ver al otro desde otra perspectiva.

6. Separa los comportamientos de las personas: Decir que “él/ella es así” no te ayuda, exprésalo diciendo que “se ha comportado así”. Los comportamientos se pueden cambiar y por tanto, deja de tener sentido ese mensaje que nos enviamos habitualmente de que “él/ella es así y no va a cambiar”. Este mensaje no nos motiva para invertir en la resolución del conflicto porque, si algo es imposible, mi cerebro entiende que es un gasto de energía inútil, ¿para qué voy a intentar cambiarlo?

7. Elimina etiquetas preestablecidas, ignóralas: como por ejemplo “es egoísta” “es cabezota” “No me quiere” “No le importo”, porque estas expresiones nos condicionan y nos enfadan.

8. Ten en cuenta que para resolver un conflicto hay que ceder “en algo”. Es necesario que la solución que encontremos sea un WIN TO WIN, sino el conflicto no estará resuelto. Si una de las partes se siente perdedora seguramente volverá a aflorar en algún momento. Para testear si realmente se ha resuelto, párate y visualiza la situación, piensa en la otra persona y, observa tu cuerpo, si ya no te genera malestar, estará resuelto.

9. Elige el momento y lugar adecuado para afrontarlo y trabajarlo. Es necesario dedicarle el tiempo necesario, las prisas no son buenas consejeras, y además elige un lugar que sea agradable y esteis a gusto.

10. Haz un role playing previo preparándote para dar respuestas a las circunstancias o cuestiones que se puedan platear en el encuentro.

11. Escucha al otro atentamente. Descubre y conecta con la emocionalidad latente bajo el problema, esto te ayudará a empatizar.

Utiliza preguntas abiertas que fomenten el diálogo, que os ayuden a moveros de vuestras posiciones para encontrar los intereses que subyacen, pues desde ahí es desde donde vendrá la solución. Utiliza los hechos y evita los juicios.

12. Es importante que reconozcáis lo trabajado y la importancia de la relación.


En muchas ocasiones, no nos sentimos preparados para resolver conflictos y necesitamos desarrollar determinadas competencias que nos faciliten el resultado que buscamos. Entrenarnos en comunicación, asertividad y empatía, no solo te ayudará a gestionar mejor tu estrés sino que te ayudará a construir relaciones saludables.


Carmen Castro Torres

Mediadora Familiar

Experta en técnicas de gestión del estrés






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Cuando dormimos, el funcionamiento de cualquiera de nuestros sistemas orgánicos -presión arterial, ritmo respiratorio, frecuencia cardíaca, temperatura- tienen características peculiares distintas a las de vigilia.

El sueño se desarrolla por la noche en ciclos de cinco fases. Estos ciclos se repiten de 3 a 5 veces a lo largo de toda la noche, en función del número de horas que durmamos. De la fase 1 a la 4 estaríamos hablando de sueño No REM, en el que la mayoría de las funciones del organismo están reducidas y los movimientos corporales que se producen son involuntarios. La quinta fase se denomina fase REM, en la que nuestro cuerpo carece de tono muscular y gran activación cerebral.

Dentro del sueño No REM podemos distinguir la 1ª y 2ª fase, que se denomina sueño superficial, y la fase 3 y 4, sueño delta o de ondas lentas, también llamado sueño profundo.

El ciclo comienza por la fase 1, que es un período de adormecimiento que debería durar entre 1 y 10 minutos, para entrar en la fase 2, que aunque también es superficial ya es algo más profunda y que, a lo largo de la noche, viene a suponer un 50% del sueño total.

¿Qué ocurre en nuestra mente y nuestro cuerpo durante estas dos fases?

Enlentecimiento del ritmo cerebral.

Desaparición de las ondas beta (vigilia) y aparición de las ondas alfa.

Relajación muscular con disminución de ritmo cardíaco y respiratorio.


Después pasamos a las fases 3 y 4, el llamado sueño profundo o sueño delta, y lo que sucede es que nuestro tono muscular es aún menor y nuestro cuerpo, fundamentalmente, se repara físicamente. Las ondas cerebrales predominantes son las delta.

El ciclo lo completamos con la fase 5, sueño REM o sueño con movimientos oculares rápidos. Esta fase es cualitativa y cuantitativamente diferente al No Rem, con niveles de actividad fisiológica cerebral similares al estado de vigilia, a veces superiores, por eso se le denomina también sueño paradójico.

Desde que empezamos a dormir, se entra en sueño REM en aproximadamente unos 90-100 minutos. Durante esta fase del sueño nos reparamos psicológicamente: se consolida la memoria y se eliminan datos que nuestro cerebro considera inútiles. Se realiza una limpieza profunda por parte del sistema glinfático, eliminando todo el material de desecho que se ha producido durante el día. Para que este proceso se realice adecuadamente necesitaremos unas siete horas de sueño.

Después de estos breves apuntes sobre la fisiología del sueño tienes que saber que, si no tienes un buen sueño, puedes conseguir un sueño de calidad si te empeñas en ello y lo trabajas

Te animo a ello, ¡no hay mejor inversión!


Carmen Castro Torres

Socia Directora de ZENWorking

Experta en técnicas de gestión del estrés


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Hay una serie de rasgos personales que pueden complicarte el cambio de hábitos y comportamientos, y debes de ser consciente de ellos para trabajarlos y minimizar su impacto.

1. La necesidad de complacer a los demás: Esta necesidad está íntimamente unida a la dificultad para “decir no” cuando no queremos hacer algo, o no estamos de acuerdo con hacer algo, o incluso no nos corresponde hacerlo. No saber “decir no” supone, con frecuencia, dejar de hacer algo que si es responsabilidad nuestra para atender una petición ajena de menor importancia. ¿Qué buscamos con ello?

a. Falsa sensación de ayuda: a veces lo hacemos porque queremos ayudar a alguien y al final acaba convirtiéndose en una costumbre que genera en el otro una dependencia. En realidad esto no les ayuda para nada, porque no les deja crecer. Por ejemplo, esto suele darse mucho dentro de la familia, habitualmente con los hijos.

b. Sentirse culpable de “decir no”: el “no” no está bien visto culturalmente. Para compensar este condicionante, es necesario tener una buena autoestima y habilidades de comunicación asertiva.


2. El perfeccionismo: Lo perfecto no resulta rentable. El valor de una tarea no es proporcional al

esfuerzo invertido, y por tanto debemos evaluar, llegado un momento, si el tiempo que estamos invirtiendo tiene una rentabilidad aceptable. Sería interesante que reflexionaras sobre los tiempos que dedicas a cada tarea. Pudiera darse el caso de que estás siendo muy perfeccionista en tareas que exigen poco tiempo, como por ejemplo en llamadas telefónicas (en lugar de 5 minutos le dedicas 15 minutos, 3 veces el tiempo que requieren), y luego, tiendes a la “chapuza” en tareas largas e importantes. Es decir que dedicas mucho tiempo a tareas cortas y poco importantes y sin embargo poco tiempo a las largas e importantes. ¡Evalúate! Y corrige.


3. Procrastinación: ¿Dejarlo para luego? pregúntate por qué. ¿No quieres en realidad hacerlo? ¿No te motiva? O más bien, ¿esto en ti es un hábito? A veces puede tener que ver con falta de planificación. Ten en cuenta que en la mayoría de los casos el dejar las cosas para luego nos provoca sentimiento de culpabilidad y un ataque directo a nuestra autoestima.

En consecuencia, primero has de encontrar los motivos de fondo que te llevan a posponer algo constantemente, y luego, crear una estrategia que pasará por trabajar la causa y cambiar el hábito.


4. La multitarea, el hábito de hacer varias cosas a la vez: múltiples tareas dividen la atención, nos hacen más lentos y con mayor probabilidad de cometer errores. Nuestro cerebro no puede concentrarse eficientemente en dos cosas a la vez. Por ello, el hábito que debes cultivar es el de hacer una cosa detrás de otra, empezado y terminando cada una de ellas. Este podría ser uno de tus primeros propósitos para ir generando cambios, plantéatelo como una obligación. Para que esto sea posible, probablemente tendrás que entrenarte en gestionar las interrupciones.


5. Necesidad de control: Si sufres de ello, seguro no vas a delegar. Esto supone una gran carga para tu agenda. Probablemente esta tendencia la tengas, no sólo a nivel profesional, sino también a nivel familiar. El problema para ti será que tendrás una agenda repleta, y para los demás, que no sienten confianza por tu parte, que no les dejas crecer y hacerse responsables de las tareas. Piensa si esto es lo que buscas y si no es así, actúa en consecuencia. ¡Delega! Para 10 minutos y determina que 3 actividades podrías delegar ya, y empieza con los trámites.


Date cuenta de que, cambiar todos los comportamientos que te acabo de exponer, sólo depende de ti. Por tanto, está en tu mano cambiarlos si es que, verdaderamente, quieres que “te dé la vida” para hacer aquellas cosas que quieres y te hacen feliz. Esto, también, es ¡Practiar ZENWorking!


Carmen Castro Torres

Socia Directora

Experta en técnicas de gestión del estrés


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